Piden moratoria en ejecuciones capitales

Por: AP

23/11/07 3:20 PM

SAN JUAN -- El capítulo de Puerto Rico de Amnistía Internacional celebró que la Asamblea General de la ONU aprobó el 15 de noviembre una resolución que exhorta a todos los países que mantienen la pena de muerte a establecer una moratoria en las ejecuciones "con miras a abolir la pena capital".

"Esta resolución constituye una reafirmación enérgica y oportuna del compromiso de los Estados miembros de las Naciones Unidas de trabajar en favor de la abolición de la pena de muerte y un paso previo a la abolición a nivel mundial", señaló la organización no gubernamental (ONG) en un comunicado.

Amnistía Internacional, al igual que ONG locales, rechazan que el gobierno de Estados Unidos busque sentencias de ejecución en Puerto Rico amparándose en una ley federal porque el castigo fue abolido aquí en 1929 y fue prohibido en la Constitución de Puerto Rico, aprobada en 1952 por los puertorriqueños y por el Congreso estadounidense.

"El año 2008 es crucial, porque la fiscalía federal ya ha certificado varios casos y tiene la intención de certificar otros", señaló Amnistía Internacional.

Según investigaciones recopiladas en el libro "Los que murieron en la horca", los intentos para abolir la pena de muerte en Puerto Rico se remontan a la década de 1870, con Manuel Corchado Juarbe, quien fue diputado de Puerto Rico en las Cortes Españolas en 1871. Fue autor de dos trabajos sobre la pena de muerte y pronunció al menos un discurso sobre el tema en el Ateneo de Cataluña.

Igualmente, se recogen los intentos repetidos del representante Juan García Ducós para que se aboliera la pena capital, hasta conseguirlo en 1929. Logró una abolición temporera entre 1917 y 1921, tras la ejecución de Rufino Izquierdo, quien se declaró inocente hasta el día de su ejecución.

Su condena "levantó en Puerto Rico una ola de sentimiento, justo y humanitario, contra el sistema penal vigente que permitía que el pueblo de Puerto Rico, como castigo en casos de asesinato en primer grado, enviase a la horca al culpable que cometiese el mismo delito de arrancar la vida a un semejante", se reseña en el texto.

La Editorial Cordillera publicó en octubre una sexta edición de "Los que murieron en la horca", una investigación que el periodista Jacobo Córdoba Chirino tardó más de ocho años en completar y que divulgó como libro por primera vez en 1954. Los artículos habían visto la luz en el periódico "El Imparcial" entre 1948 y 1949.

El texto narra hasta el último detalle lo que el periodista halló en la década de 1940 sobre las 11 personas ejecutadas en Puerto Rico desde el cambio de soberanía en 1898 hasta la abolición de la pena capital en 1929.

El último condenado a morir, en 1927, fue Pascual Ramos, un guardia nocturno de la Hacienda Sabater de Guayama. Otro guardia, Carlos Rossó, lo acusó de haberse robado una linterna de gas con la cual se alumbraba el vigilante en las rondas nocturnas y Ramos fue despedido. Hubo riña entre ambos cuando Ramos trató de pedir trabajo nuevamente y Rossó lo impidió.

Una mañana y frente a otros trabajadores de la Hacienda, Pascual Ramos, con un "machete que arrancó silbidos al aire", cortó el cuello de Rossó y dejó su cabeza colgando de un músculo.

Así de detallados son los demás relatos de asesinatos: el de una madre que ahogó su pequeña bebé en un riachuelo, el homicidio de un juez, el de Guillermina, una adolescente que fue brutalmente ultrajada por dos hombres cuando caminaba a la escuela; el de una dulce mujer y su hijo adoptado, y el de un ciudadano español a manos de un grupo de sediciosos en 1898, entre otros.

Hubo peticiones de clemencia para los sentenciados en muchos de los casos reseñados.

Las narraciones están pintadas con datos y personajes de la historia de Puerto Rico: Rosendo Matienzo Cintrón, Luis Muñoz Rivera, José de Diego, Luis Llorens Torres, Nemesio R. Canales y Samuel R. Quiñones, entre otros.

El mismo autor consideró que su lenguaje fue "un poco rimbombante", sin embargo, ese tono permitió que no se le escaparan detalles sobre el carácter de los condenados, ni sus motivaciones de celos, envidia, codicia, lujuria, venganza y hasta de conspiraciones políticas.

También refleja el cuidado extremo del reportero al describir los campos, cañaverales y cafetales en épocas de zafra y cosecha, así como las costumbres puertorriqueñas de la época.